La caída del premier
Villanueva ha puesto en evidencia la fragilidad del gobierno y su entraña conservadora,
así como el poder del empresariado y el papel predominante en el ejecutivo de
la primera dama y del ministro Castilla.
Cesar Villanueva llego para
salvar la crisis generada por el caso del ex asesor montesinista López Meneses,
quien gozaba de beneficios desmedidos propios de un alto dignatario, lo cual
mostro la vinculación entre el ejecutivo y el montesinismo.
Era el cuarto premier
designado en solo dos años de gestión ollantista, lo que grafica con mucha
claridad la debilidad del gobierno, la cual es consecuencia de su viraje
derechista, el mismo que le ha impedido empalmar con la voluntad de un pueblo
que en las elecciones del 2011 voto masivamente por la Gran Transformación y
termino siendo estafado por la hoja de ruta y por el cínico continuismo
neoliberal que ahora requiere, no solo gobernar bajo la constitución mafiosa
heredada del fujimorato, sino también tomar prestado operadores políticos de la
“talla” de López Meneses.
No queda duda que el
gobierno presidido formalmente por Ollanta es un gobierno altamente conservador
tanto por su contenido político como por sus maneras autoritarias y poco
respetuosas de su propia institucionalidad. La caída de Villanueva nos
demuestra que la discrepancia con la ortodoxia neoliberal – por más mínima y
tímida que sea – y las desavenencias con la primera dama, se pagan con la
abrupta salida.
El pecado del ex premier es
haber tenido la “osadía” de decir que el incremento del salario mínimo se
estaba discutiendo en el ejecutivo, precisamente cuando Nadine Heredia había
negado enfáticamente este hecho con la ya famosa frase “no está en discusión” y
cuando la derecha cavernaria había iniciado una campaña de desinformación
masiva aduciendo que si se incrementaba el salario mínimo vital se nos venía la
hecatombe inflacionaria y una crisis de desempleo descomunal ya que los
empresarios no estaban en condiciones de incrementar sus costos de producción a
pesar del cacareado crecimiento económico.
Y todo esto para cubrir el
vergonzoso aumentazo salarial en un 100% de los ministros de estado que, como
lo demuestran ahora las últimas encuestas, es repudiado por la población y les
ha terminado costando un descenso significativo en su popularidad tanto al
presidente Ollanta Humala como a la primera dama Nadine Heredia.
Nadie voto por Nadine ni por
Castilla, pero son ellos los que deciden quien se va y quien llega al
ejecutivo, de la mano - obviamente - del empresariado local y extranjero y con
la complicidad de los medios de comunicación que le son adictos. Son ellos los
que están detrás de la estructuración del nuevo gabinete ministerial con
Cornejo a la cabeza, el cual se caracteriza no solo por su grisura
tecnocrática, sino fundamentalmente por su sometimiento a los poderes facticos
y a la nueva dueña de palacio y a su cómplice del mechoncito.
¿Y Ollanta que pinta? solo
pinta para la foto. Ahora ya sabemos quién gobierna en el Perú.
Lima,
25 de febrero del 2014.
Julio Blanco

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