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jueves, 9 de junio de 2011

LA DERECHA NO SABE PERDER Y DESPRECIA LA VOLUNTAD POPULAR

HAY QUE SABER PERDER

Lo normal cuando hay elecciones, lo democrático, es que el ganador tenga una “luna de miel”, es decir una etapa de tranquilidad y de serena expectativa de las diversas fuerzas políticas, los medios de comunicación y otros factores de poder, para tomar decisiones en ejercicio del poder que el pueblo, máxima y soberana autoridad, le ha otorgado mediante el sufragio, fuente de poder esencial en democracia.

Corresponde también al ganador dar señales de distensión y apertura, de espíritu democrático y tolerancia, para que los ciudadanos que votaron por la nueva administración y los que apoyaron la otra opción confíen en que, pasada la campaña electoral, el gobierno será para todos los ciudadanos, sin sectarismos ni distinciones.

Es evidente que desde el momento mismo en que estaba claro que había ganado la elección, el ganador en este caso ha tenido palabras y actitudes claras en tal sentido, planteando su decisión de hacer un gobierno de unidad y concertación nacional en el que tendrán cabida los mejores peruanos, sean miembros de Gana Perú o sus aliados o de otras fuerzas ajenas, o sean independientes.

Ha dicho también que no habrá medidas traumáticas en lo económico y que la concertación, valga la redundancia, será una constante de la nueva administración, por lo que nadie debe preocuparse.

Lejos de ello y de la humildad que debería caracterizar a quienes han sufrido una derrota en las urnas, los políticos, comunicadores y empresarios atrincherados tras la candidata perdedora en el empeño por mantener sin cambio alguno la política neoliberal instalada hace 20 años, con su secuela de exclusión y corrupción, alegan que el país está supuestamente dividido en dos.

Tal afirmación lleva de contrabando la idea de que nadie ganó el domingo, y que el nuevo gobierno, en vez de tener espacio para tomar sus decisiones, debe nombrar cuanto antes ministros y otras autoridades económicas supuestamente confiables para los derrotados.

Para esas presiones utilizan una sospechosa caída de la bolsa –usual en procesos de transición política y en este caso causada aparentemente por maniobras especulativas- y pretenden hasta imponer personajes de su agrado y confianza, “ahijados” les ha llamado un parlamentario electo, olvidando que perdieron los comicios y que quien asume el mando y toma determinaciones de ese tipo, sin presiones antidemocráticas, es el nuevo gobernante.

Evidentemente han impuesto su poder tanto tiempo bajo uno u otro gobierno, que les cuesta trabajo saber perder y acatar en los hechos, no solo en las palabras, la voluntad popular expresada en las urnas, que evidentemente desprecian.

Esa actitud, a la que se suman políticos que han quedado en la marginalidad a la luz de los resultados de LA PRIMERA vuelta, muestra una arrogancia que de ninguna manera ayuda a consolidar la democracia y desprecia la mano tendida por el presidente electo para sumar voluntades para construir un Perú plural y diverso, con mayor tolerancia y equidad.

Primera plana/La Primera           

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